Mi reflexion sobre el Poema. Actividad correspondiente al Módulo 1, Unidad 3, Semana 9. ¿Quiénes son nuestros estudiantes?

Maestra (-----) le mando un cordial saludo, así como a cada uno de mis compañeros de grupo, deseándoles y me incluyo, que salgamos adelante en cada encomienda.  

Les hago llegar mi reflexión sobre el poema de Mario Benedetti. ¿Qué les queda a los jóvenes?  

Definitivamente, que la manera tan especial de Mario Benedetti, quien escribe este poema, plasma de  forma directa y fuerte las anomalías persistentes de las condiciones que arrasan y vulneran la falta de condición humana de los jóvenes, de esa carencia preparada quizás nefastamente por anclajes reproducidos hasta en los inconscientes aun del niño, no digamos solo del adolecente. La cuestión seria ¿a quién se le echa la culpa de lo que se respira con actos y realidades que afrontan los jóvenes adolecentes?, a los viejos, a los padres, a los maestros, a las escuelas o sistemas... me pierdo en encontrar la respuesta. La pregunta ¿qué les queda  por probar a los jóvenes?, a su vez, tampoco tiene una respuesta sencilla, y mucho menos cuando los que tratan de buscarla no son ellos mismos, sino personas que se salen del común denominador, unos cuantos que se han despertado de la inconsciencia que la humanidad misma se ha procreado y auto concebido, como el fin máximo de un mundo "desarrollado" pero sin objetivos. Quizás la parte más crítica es la panacea de saber cómo estamos y lo que se debe de hacer, situación que se aclara porque documentos existen y personas que lo gritan y lo manifiestan, a la par de los sistemas que nos involucionan como humanidad; porque tal vez los fines que unos y otros persiguen son totalmente distintos y opuestos, aun cuando los patrones de exposición manifiesten lo contrario. Baste observar cómo funciona el mundo y que lo mueve. No es desconocido que el factor económico es el atrayente más suculento actualmente y lo ha sido por siglos. Es difícil pensar en coartar la trayectoria del desarrollo, de la insidiosa y creciente y nada prometedora suerte de la aun asombrosa tecnología y sus alcances. En ese sentido, la pregunta supera las mentes aun de los propios jóvenes que son aplastados y arrebatados en ella. Cuando leí este poema, sientí que nomas le falto música de rock, para lograr al igual que muchos trabajos inducidos para mantener las mentes apagadas, ya que subliminalmente afectaría, si así se hiciera, a ayudar a doblegar más aun los cerebros nuevos, que pasarían a solo esperar pasivamente ese futuro incierto y solapado por este presente nefasto que ya se vive.

Mi reflexión es hasta donde realmente la educación puede lograr sustancialmente un cambio significativo. ¿Qué ha hecho esperar tanto?, porque al igual que la inseguridad que no se frena, y tantas otras situaciones salidas de contexto, esta también es una realidad que no se limitara a la idea concebida y a un plumazo, si así fuera todos los actuares del mundo tendrían su freno. Como lo menciona Jesús Martín Barbero, en su: visibilidad social y cultural de la juventud en la ciudad, a lo que yo le agregaría (y fuera de esta), ya que la situación permea todo, y cuando menciona la expansión del anonimato propio del no-lugar, apropiación que va en aumento por los jóvenes y que les promueve su actuar y "su no responsabilidad" a la liberación de toda carga de identidad, no solo interpeladora, me voy más allá, sino de carencia de identidad total, entonces la pregunta a reflexionar es ¿a quién le sirve esto, a quien le conviene este objetivo hacia dónde van los jóvenes?, o ¿necesitan todavía probar más?, y si es así, ¿de qué?, si el propio poema los pone a discutir con el mismísimo Dios, caray, o a hacer futuro... si no saben su presente y tampoco son localizables los granujas que lo están promoviendo.

Después de reflexionar, me calmo, y me quedo en mi papel de docente y con mi lanzamiento diario de estrellas de mar que arrastra la marea hacia la playa cada tarde. Quizás, alguna de las que logre regresar a su hábitat en ese intento diario por salvar a algunas de morir logre el cometido... si es así, ha valido la pena, aun cuando en toda mi vida acierte a salvar una sola de ellas... con ello podre decir con júbilo: ¡ha valido la pena el esfuerzo!.

Maria Elena Tellez Ledesma, G-9.